Después de 10 años de investigación y 25 de visionados de películas, el primero de una larga serie de volúmenes dedicados a la cinematografía de Jesús Franco ha sido puesto a la venta. Es una gran satisfacción para los autores italianos Francesco Cesarí y Roberto Curti, por el profundo cariño que le tienen al director y por la experiencia verdaderamente extraordinaria de ver (por fin), el resultado en sí (entre archivos, bibliotecas y charlas con testigos directos, todo surgió -y todo, o casi todo, era nuevo) y también diría por el tono verde de la portada.
¿Para quién está escrito el libro? Para todo aquel que hoy en día tenga muchas ganas de conocer a Jess/Jesús Franco (desde que era niño y adolescente: la introducción está dedicada a su infancia, y va acompañada de las fotos que tuvo la amabilidad de regalares su hermana Gloria -última miembro de una familia muy interesante, una mujer de unos noventa años a la que tuvieron la suerte de conocer gracias a los amigos Álex Mendíbil, Antonio Mayans y Carlos Franco) y el mundo que le rodea. Pero también está escrito para aquellos que en el futuro quieran seguir buscando y descubriendo cosas nuevas sobre este cineasta, ya que el sistema de notas nos permite rastrear las fuentes de toda la información.
En el aspecto crítico, los autores, han encontrado total sintonía al centrarse no en juicios, inevitablemente subjetivos, sino en los rasgos identitarios de cada película, cuyas características y problemáticas intentan enmarcar a la luz de los acontecimientos de producción (a menudo complejos) y de la constante injerencia de la censura franquista, pero también como etapas de ese larguísimo viaje para descubrirse a uno mismo y al mundo a través de la acción cotidiana de imaginar y filmar en estos años, la obra del director que, más que nadie, no quiso enviar mensajes (quizás por eso es difícil de entender en Italia).
La forma en que se manifestó inicialmente, los distintos capítulos tratan del mismo modo, en sucesión biográfica, las películas realizadas y las concebidas, de las que se conservan guiones y otras huellas. Dos de ellos, rechazados por la censura franquista, son probablemente los proyectos más importantes de esta época, en los que Franco creía y más le importaban: Los colgados y La noche tener ojos (destinada a convertirse en Al otro lado del espejo muchos años después). Uno es un drama político escrito en memoria de la guerra civil española, el otro una tragedia psicoanalítica griega.
También se cubrieron por primera vez los primeros años de Franco: la serie de cortometrajes y mediometrajes, empezando por la muda Teoria del alba, rodada al final del segundo año de la escuela de cine y que le costó la suspensión de los estudios (no le preocupaba demasiado: lo que había que saber, lo sabía). Por sí solo sería suficiente para que la gente mirara su cine con otros ojos. Descubrir que existía esta pequeña película y verla por primera vez, gracias a la Filmoteca Española, cuya hospitalidad y colaboración para su trabajo fue fundamental (al igual que la del Archivo de la Administración de Alcalá de Henares), fue una de las experiencias más apasionantes de estos años para Cesarí y Curti.
En el libro falta -y sólo puede faltar, ya que por ahora se han detenido en 1966- un intento de resumir la personalidad de Franco. Sin embargo, como en una novela, hay una línea que une los capítulos y, en particular, que une doblemente el primer y el último largometraje, Tenemos 18 años y Residencia para espías: la película con la que Franco partió con la buena intención de derribar los patrones estéticos y culturales de la España católica franquista y aquella en la que, con la misma alegría, saludó esa piadosa ilusión de entregarse para finalmente esconderse y convertirse en el nómada y forastero que todos (¿todos?) conocen.
A la venta aquí.